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La magia del 6 de enero: El día de Reyes en México

La magia del 6 de enero: El día de Reyes en México

Don Colchón |

Cada año, cuando el calendario marca el 6 de enero, millones de familias mexicanas reviven una de las tradiciones más queridas del calendario festivo: la celebración del Día de los Reyes Magos. Esta fecha forma parte de un momento especial del año en el que se combinan la fe, la convivencia familiar, la gastronomía y la ilusión infantil, conformando una de las celebraciones más entrañables del ciclo navideño en México.

En México —como en gran parte de América Latina— los obsequios para los niños llegan la mañana del 6 de enero. Esta costumbre está profundamente enraizada en la tradición católica: conmemora la visita de Melchor, Gaspar y Baltasar, los llamados Reyes Magos, al niño Jesús tras su nacimiento, guiados por una luz en el cielo conocida como la estrella de Belén. Aquel encuentro, lleno de símbolos y significados espirituales, es conocido en la fe cristiana como la Epifanía, término que en griego significa “manifestación” o “aparición” y que celebra la manifestación de Jesús al mundo entero.

Aunque el relato bíblico original no especifica nombres ni detalles de los personajes más allá de describirlos como “sabios” o “magos” provenientes de oriente, con el paso de los siglos la tradición les otorgó los nombres con los que hoy se les conoce y los identificó como reyes que ofrecieron al niño Jesús tres presentes cargados de simbolismo: oro, incienso y mirra, representando respectivamente su realeza, divinidad y sufrimiento futuro.

En México, esta narrativa se traduce en una celebración que, si bien tiene raíces religiosas claras, va mucho más allá de lo litúrgico para convertirse en un momento de alegría compartida en familia y en la comunidad. No es solo la conmemoración de un pasaje bíblico, sino una fecha que cierra con broche de oro las largas fiestas invernales que comienzan con la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre y se extienden hasta principios de enero.

La ilusión infantil: cartas, zapatos y regalos

Para muchos niños mexicanos, la espera del Día de Reyes es tan emocionante como la Navidad misma. Desde días antes, hogares de todo el país se llenan de cartas dirigidas a los Reyes Magos. Estos escritos, llenos de deseos y esperanzas, son preparados con esmero por los pequeños, quienes también suelen colocar sus zapatos en un lugar visible de la casa durante la noche del 5 de enero, esperando que los Magos los llenen de juguetes y dulces. Esta costumbre, similar a la de dejar las medias navideñas para Santa Claus en otras culturas, representa la ilusión de ser recompensado por el buen comportamiento durante el año. 

A veces, además de los zapatos, hay quienes dejan un poco de pasto o agua para los animales que acompañan a los Reyes en su largo viaje. Aunque estos detalles no aparecen explícitamente en los relatos religiosos, forman parte de la magia popular que rodea a esta celebración en muchos hogares mexicanos, reflejando una mezcla de creatividad, fe y tradición familiar.

La mañana del 6 de enero se convierte en un momento de gran emoción para las niñas y los niños, quienes corren a ver si han encontrado los regalos esperados. Esta dinámica no solo es un acto de recibir presentes, sino una experiencia compartida que muchas familias conservan como recuerdo imborrable de la infancia.

La Rosca de Reyes: historia, significado y sabores

Después de la emoción de abrir los regalos, el encuentro familiar se traslada a la mesa para compartir uno de los símbolos más representativos de esta fecha: la Rosca de Reyes. Este pan con forma circular u ovalada, decorado con frutas cristalizadas o secas de colores vivos, es mucho más que un dulce tradicional; es un elemento cargado de significado y de historia. 

La tradición de la Rosca de Reyes tiene sus raíces en la Edad Media europea, particularmente en Francia y España, y fue transmitida a México durante el periodo colonial. Originalmente, en algunos lugares de Europa se escondía un haba seca dentro del pan; quien la encontraba era nombrado “rey” por un día. Con el tiempo, en México esta costumbre se transformó y en la rosca se coloca una o varias pequeñas figuras que representan al Niño Jesús, simbolizando el pasaje bíblico en el que María y José intentaron ocultar al niño para protegerlo del rey Herodes, que quería matarlo.

El significado de los elementos de la rosca también está lleno de simbolismos: su forma circular representa el amor eterno de Dios, sin principio ni fin; las frutas cristalizadas evocan las joyas de las coronas de los Reyes Magos y los regalos que llevaron; y la sorpresa del muñeco escondido recuerda el valor de la fe y la protección divina.

Partir la rosca es un acto casi ceremonial. La costumbre dicta que cada miembro de la familia tome una porción, y aquel a quien le salga la figurita del Niño Jesús en su pedazo tiene un papel especial que cumplir: se convierte en el encargado de organizar y compartir tamales y atole el 2 de febrero, Día de la Candelaria. Esta última fecha marca el final oficial del ciclo navideño y une otra tradición muy arraigada en México con la celebración de los Reyes Magos. De esta manera, las festividades no terminan con el 6 de enero, sino que se extienden hasta principios de febrero, reforzando vínculos familiares y comunitarios.

La rosca también ha evolucionado con el tiempo y en la actualidad se pueden encontrar versiones con diferentes sabores y rellenos —desde chocolate hasta crema, nuez o mantequilla— sin perder el valor simbólico que tiene en esta celebración.

Una tradición que une generaciones y comunidades

El Día de los Reyes Magos no es solo una fiesta familiar; es también un momento de encuentro comunitario. En muchas ciudades y pueblos de México se organizan cabalgatas de Reyes, desfiles y eventos públicos que llenan de música, color y entusiasmo las calles. Las plazas se convierten en puntos de encuentro para compartir la rosca, intercambiar buenos deseos y mantener vivas las tradiciones en espacios colectivos.

Para los adultos, esta fecha remite a recuerdos de la infancia y a la oportunidad de transmitir a las nuevas generaciones los valores que acompañan a estas celebraciones: la generosidad, la importancia de compartir con los demás, la continuidad de las costumbres y el sentido de pertenencia a una comunidad culturalmente rica y diversa.

Además, en contextos familiares en los que conviven distintas creencias o enfoques sobre las festividades, el Día de Reyes puede ser un puente para reflexionar sobre el significado más profundo de dar y recibir, más allá de los regalos materiales. La Epifanía, en su sentido religioso, invita a considerar la idea de manifestación, de reconocimiento y de presencia del otro en nuestras vidas, valores que pueden aplicarse en una interpretación laica y universal.

En el México contemporáneo

Aunque las formas de vivir y celebrar las festividades han cambiado con el paso del tiempo, la esencia del Día de Reyes en México se mantiene viva. En un mundo donde las tradiciones pueden diluirse ante los ritmos modernos, esta fecha sigue siendo un momento para hacer una pausa, reunirse con la familia, compartir la mesa y mantener encendida la ilusión de quienes aún esperan ver sus sueños materializados en forma de pequeños regalos o en la emoción de encontrar la figurita en la rosca.

Porque más allá de los regalos o de los símbolos religiosos, lo que hace especial al Día de los Reyes Magos en México es la conexión humana, la continuidad de las tradiciones y la capacidad de conservar la magia en medio de los cambios del tiempo.

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