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El Osito Dormilón y el Año Nuevo

El Osito Dormilón y el Año Nuevo

Don Colchón |

La última noche del año llegó sin hacer ruido al bosque.

No hubo campanas fuertes ni carreras. Solo luces encendidas temprano y pasos suaves sobre la nieve.

En la casita de madera, el Osito Dormilón preparaba todo con calma. Avivó un poco la chimenea, acomodó cojines en el suelo y puso su mantita favorita sobre el sillón.

Pronto empezaron a llegar sus amigos.

El Conejo fue el primero, con una canasta de pan caliente

La Ardilla llegó después, cargando frutos secos y sonriendo.

El Búho apareció en silencio, con algunos libros bajo el ala.

—Es la última noche del año —dijo el Búho—. Pensé que podríamos leer un poco.

Se sentaron juntos, cerca del fuego.

El Osito tomó uno de los libros y leyó una historia corta, de esas que no terminan, solo continúan un cuento breve anterior.

Después compartieron la cena y disfrutaron cada platillo.

Afuera, el cielo estaba oscuro y tranquilo.

Cuando el Osito miró el reloj de madera en la pared, vio que faltaba poco para que el año terminara.

No contaron los segundos. En lugar de eso, cada uno dijo algo en voz bajita una cosa que quería conservar del año que se iba.

El Conejo habló de las tardes tranquilas.

La Ardilla, de las risas compartidas.

El Búho, de las historias que todavía no se leen.

El Osito pensó un momento.

Quiero seguir cuidando el descanso —dijo—, el mío y el de los demás.

Cuando el año nuevo llegó, se miraron, sonrieron y se abrazaron.

Poco después, cada uno regresó a su casa.

El Osito apagó las luces, se acomodó en la cama y se cubrió con su mantita.

Antes de cerrar los ojos, pensó que empezar un año nuevo es lo más genial que puede existir para todos.

Y con ese pensamiento tranquilo, el Osito Dormilón se quedó dormido,
mientras el año nuevo comenzaba, en silencio, junto a él.

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